
Y es que el mundo constantemente da señales de que no vale la pena ni pasar un fin de semana en él, pero también hay [en menor cantidad] cosas que te exigen quedarte un poco más. Después de todo soy muy optimista, y puede que ese sea el problema. Ser optimista es agotador, porque lo fácil es quejarse, pero pelear hasta el final, para que a menudo, el resultado no merezca ni la pena... Lo más gracioso, es que aún así, siempre está la expectativa, ese "la próxima vez será mejor", el viejo y manido "al principio cuesta, y ya luego la cosa rodará más fácilmente", etc.
Cuando me doy cuenta de que los resultados suelen ser más breves que todo el tiempo y esfuerzo previo, es normal que pierda algo de motivación, pero siempre tengo esa vocecilla que aparece cuando más jodido estoy que me dice que siga, que mañana será otro día, y quién sabe, puede que sea mejor.
La misma vocecilla suele aparecer al final del año para decirme lo mismo; "el que viene será otro año, de ti depende que sea mejor o peor". Me anima bastante pensar en ello, mientras me voy medio hundiendo sabiendo de quién va a depender todo el esfuerzo.
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Ayy, tradiciones, tan... sin sentido. |
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